La encrucijada del presente es un camino con historia

La historia de la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) es una muestra de las luchas de nuestro pueblo por construir autodeterminación, autonomía y soberanía

Fue fundada el 31 de mayo de 1950 por Perón y hoy nuestro país es uno de los cuarenta en el mundo y uno de los tres de América Latina que cuentan con centrales nucleares. Esto no es producto de la casualidad. Por el contrario, los países subdesarrollados que contamos con iniciativas nucleares hemos tenido que enfrentarnos al cepo que el imperialismo ha querido ejercer sobre nuestros pueblos en el área. Esto ocurre en Argentina desde el nacimiento de la CNEA: mantener la autonomía tecnológica es una originalidad en el plano de la ciencia y la tecnología a nivel mundial y una disputa librada por décadas por lxs trabajadorxs. 

Jorge Sabato fue quien planteó la apertura del paquete tecnológico alemán del primer reactor para aprender a desarrollar la ciencia y tecnología que nuestro país necesitaba. Y fuimos lxs trabajadorxs quienes lo llevamos adelante. La persecución y asesinato de nuestrxs más de veinte compañerxs detenidxs-desaparecidxs fue el intento genocida de dejar truncos los proyectos que muchxs tenían para la liberación de nuestra patria con tecnología nuclear y producción científica. Ellxs nos legaron el debate por la tecnología de las centrales nucleares de potencia y la autonomía en el ciclo de combustible nuclear. La dictadura asestó un golpe desapareciendo compañerxs. El menemismo descuartizó el conglomerado nuclear. El macrismo retomó la política de destrucción desfinanciando muchos proyectos del área, al ritmo que desintegraba la investigación. Estas políticas del gobierno de la Alianza Cambiemos implicaron la postergación los planes de construcción de la cuarta central nuclear y el abandono y paralización de la PIAP con el despido de 320 trabajadorxs.

Desde la 31 de mayo, por el contrario, recuperamos la historia de la corriente antimperialista en los sectores energético y de la ciencia y tecnología. Somos parte fundacional del conjunto de compañerxs que peleamos por el tipo de tecnología en la cuarta central nuclear: Candu, con uranio natural y agua pesada de la PIAP como moderador refrigerante.

Hoy se nos presenta el desafío de reintegrar el sector en una dirección coherente con la soberanía popular. Hay que desandar las reformas neoliberales de la década del 90 que utilizaron un andamiaje legal ad-hoc para desarticular y avanzar en la privatización de las principales áreas del entramado nuclear. No podemos pensar la intervención nuclear en la matriz energética sin pensar en lxs trabajadorxs de CNEA. Tampoco podemos pensar la medicina nuclear sin nuestra producción nacional de radioisótopos ni la exportación de nuevos reactores experimentales sin nosotrxs. 

El conjunto del pueblo y lxs trabajadorxs de CNEA nucleadxs en el Frente de TODXS, llevamos adelante una gran lucha para resistir las políticas de Macri e impedir que continúe en el gobierno. Bisauta es inaceptable como Presidente de CNEA, no podemos permitir ahora que los funcionarios que fueron gestores de estas políticas se reciclen en esta nueva etapa. 

El rol de la clase trabajadora ha sido relevante en esta sinuosa trayectoria por la autonomía tecnológica. Las “fábricas de tecnología” de las que hablaba Sabato no son posibles sin el rol central de las trabajadoras y los trabajadores. Por eso la agrupación 31 de mayo se refundó en la lucha contra la precarización laboral, por el pase a la planta permanente, con la organización de trabajadorxs en cada laboratorio, oficina, planta piloto y por un sindicato que aporte a la emancipación.

La apertura de nuevos desafíos en la senda de la autonomía tecnológica está a la orden del día. La pandemia está demostrando la necesidad de fortalecer el sistema sanitario público y para esto es clave el diseño de equipamiento y nuevas técnicas de diagnóstico y tratamiento que la medicina nuclear necesita. Así es que se torna indispensable la construcción del Reactor Multipropósito RA-10, la Planta Industrial de Elementos Combustibles PIECRI y una nueva planta de fisión, haciendo eje que una comercialización de radioisótopos en manos del Estado.

Es necesario terminar el CAREM como línea propia de reactores PWR y avanzar en la tecnología de enriquecimiento industrial de uranio. Debe ser la CNEA quien lleve adelante el rol de arquitecto-ingeniero del proyecto y quien continúe llevando adelante su dirección. La utilización modular de estos reactores se puede extender a todo el país aportando tanto en la generación eléctrica para el relanzamiento industrial como para la desalinización de agua para riego en las regiones de la costa atlántica.

Hay que diversificar nuestra matriz energética con energía solar, geotérmica, celdas combustibles de hidrógeno, aprovechar el litio, etc, consolidando la diversidad de disciplinas que la CNEA y sus trabajadorxs abarcan. 

Para llevar adelante estas tareas son imprescindibles lxs trabajadorxs. Ningún emprendedor tiene la capacidad de generar la autonomía y soberanía tecnológica que nuestro pueblo necesita. La CNEA del siglo XXI necesita, entonces, a lxs trabajadorxs en la conducción para representar los planes de soberanía energética, autonomía tecnológica y el reconocimiento del conjunto de lxs trabajadorxs. Estas son las tareas para resolver la encrucijada del presente.

31 de mayo de 2020 – 70 aniversario de la CNEA

La 31 de Mayo

El clasismo antiimperialista en el sector nuclear,
por un Estado popular, plurinacional y democrático