Desgrabación Gustavo Lahoud

Gustavo Lahoud

Mi idea es tener una charla donde veamos los aspectos básicos de la problemática de la transición energética que tiene muchos planteos interesantes para encarar, pero creo que primero que nada hay que hacerlo desde nuestras urgencias, prioridades, desafíos y objetivos. 

Lo que quiero compartir es un desarrollo conceptual ligado a la generación de consecuencias practicas en el territorio, que tiene que ver por un lado con como concebimos a la energía. Nosotros la concebimos como sistema. En ese sistema energético hay actores, hay reglas de juego, hay una determinada estructura que tiene que ver con un esquema de circulación del poder que hay en un contexto determinado. En países como los nuestros, la falta de una visión sistémica para la energía y de una construcción política de mediano y largo plazo hace que estemos afrontando permanentemente una dinámica que, por un lado, remite a los ciclos de restricción externa que tienen que ver con ciclos de stop and go que históricamente se han tenido en el desarrollo insuficiente de la economía argentina. Una economía dependiente que siempre se encuentra con los problemas clásicos que es la falta de divisas para llevar adelante su desarrollo.

En el periodo kirchnerista la energía fue prácticamente visualizada como un escenario en el que lo que primaba era el criterio de disponibilidad de energía, vinculado a la explotación del sector hidrocarburifero. Llego un momento entre los años 2004-2005 que el sector hizo crisis, básicamente porque la falta de visión sistémica de la problemática energética hizo que perdiéramos disponibilidad porque Argentina es un país con gas y con petróleo, no gasífero o petrolero, que es una gran diferencia conceptualmente. País petrolero es Venezuela, país gasífero es Arabia Saudita. Quiero decir, teníamos un stock de reservas probadas a partir del trabajo enorme que se había desarrollado durante décadas por la empresa YPF como puntal que nos permitia poner en marcha un esquema de disponibilidad acompañado de adecuada reposición de reservas vinculado fundamentalmente además a proveer de acceso a la energía a precios razonables al conjunto de la población, tanto al usuario como a la población industrial y de servicios, a todo el esquema productivo y que se lo hiciera en un contexto que pudiera ser sostenible en términos ambientales. Todo esto implica una idea sistémica que es que, lamentablemente yo creo, en las últimas décadas nunca hemos tenido. Por eso nosotros cuando termino el ciclo de valorización energética llevado adelante por el kirchnerismo muy ligado a la idea de disponibilidad y a convertir en commoditie esa oferta energética que venía de los ’90 que hizo que en el año 98 alcanzáramos el pico de producción petrolera y en el 2004 el pico de producción de gas. Una vez que llegamos al pico de disponibilidad las reservas empezaron a decrecer y esas reservas no fueron repuestas. Entonces la Argentina se encontró con un ciclo ligado a la idea de convertir en commoditie al bien energético cuando el mercado mundial lo necesitaba y básicamente reproducimos lo que corrientemente pasa con nuestro ciclo histórico cuando lo miramos en perspectiva de mediano y largo plazo, volvimos a tener una crisis de deuda a fines de los ’90, una crisis sistémica vinculada a la explosión de la convertibilidad y apenas asumió el kirchnerismo apareció el problema energético. Nos faltó gas y petróleo, suficiente como para poner en marcha dinámicamente nuestro sistema productivo y por ejemplo tuvimos que dejar de exportar a los chilenos como un subproducto de esa crisis ¿Por qué? Porque además la Argentina en los ’90 había puesto en marcha un modelo que iba a ser insostenible, siendo un país con petróleo y con gas decidimos exportar lo que, básicamente, no íbamos a tener al cabo de una década. Por eso dejamos de exportarle a Chile allá por 2005-2006, cuando la crisis de abastecimiento empezó a ser fundamental para la Argentina. Ahí aparecieron otras medidas, después de la emergencia económica se congelaron las tarifas y empezó a haber un criterio vinculado a proteger el recurso para cubrir la demanda interna y empezó una dinámica de subsidio para tratar de mantener la tarifa congelada por un lado y a seguir manejando casi de la misma manera un esquema que había sido heredado de los ’90. Estructuralmente en materia energética destruimos un sistema que tenia una unidad de concepción en su desarrollo, un esquema centralizado con las privatizaciones realizadas en los ’90 y generamos una dinámica de competitividad entre sectores altamente concertados que tenían además control monopólico, un ejemplo es el de los servicios de provisión de gas y energía eléctrica, 2 servicios que por el servicio que prestan no deberían competir entre si pero si tienen áreas asignadas de prestación, y esas áreas iban atadas a propuestas de tarifas dolarizadas y de inversión que se debía hacer permanentemente. Ese es el esquema que estalló en la crisis de los 2000.

De ahí en adelante vivimos la etapa kirchnerista que acumuló este tipo de problemas. Se vio venir el tren de la falta de recursos encima y trato de solucionarlo de la manera dicha, importando energía nuevamente y apareció el problema de la restricción externa. Empezamos a importar gas de Bolivia y desde 2008 exportamos gas natural licuado a través de una estructura instalada en Bahía Blanca primero y después en otra establecida en Escobar. En 2015 el gobierno de Macri heredó un problema muy serio de restricción externa porque nuestro balance de comercio en materia energética estaba completamente desbalanceado. Eso se originó a partir de todos los cambios estructurales como por ejemplo el convertir en commoditie a la energía, un recurso a explotar de manera intensiva y perdimos la perspectiva de energía en términos sistémicos. Con la visión kirchnerista, que también fue una visión a corto plazo, intentó con la recuperación parcial de YPF poner freno a ese escenario de deterioro y ahí fue cuando nos encontramos con el factor Vaca Muerta. Un supuesto nuevo “el dorado” con el que se nos intento convencer que con su desarrollo masivo se iban a solucionar los problemas. Se dice que es “no convencional”, pero en realidad es el mismo gas y petróleo de siempre pero no había tecnología necesaria para extraerlo, pero bajo los mismos controles que se comentaron. Y la idea de convertir a ese gas no convencional, que con el fracking se puede extraer, en un producto a escala nos permita generar divisas a partir de un proceso de exportación permanente. 

Y si hablamos de transición energética una de las primeras cosas que tenemos que tener en cuenta es recuperar la idea de la energía como sistema y que no se puede pensar en la idea de disponibilidad sin pensar en el acceso o viceversa, como voy a garantizar el acceso y como dar cuenta de que si nos quedamos sin recursos tampoco va a haber acceso. En las últimas etapas de gobierno, con el de Macri incluido que fue un ejemplo contrario al kirchnerista poniendo un esquema de salida de subsidio a la demanda, no suspendieron el sistema de subsidio a la oferta que venia del kirchnerismo vinculado a la gran industria gasífera y siguió recibiendo subsidios para la extracción del gas no convencional a un precio diferencial. A tal punto que entre 2008 y 2019 hemos contabilizado que la Argentina puso en manos de este gran conglomerado empresarial que incluye YPF una cifra cercana a los 24 mil millones de dólares de transferencia. Implicó que los sectores productivos que están en Neuquén y el resto de la Patagonia, que han acumulado un enorme poder, y que son un lobby que trabaja territorialmente muy eficientemente contra cualquier gobierno nacional: el lobby de las empresas, de los gobiernos provinciales que forman parte de las provincias productoras de petróleo y que son los que imponen las condiciones de como se va a realizar el proceso productivo y extractivo.  Si queremos discutir la transición energética en serio tenemos que poner en marcha una discusión sobre lo que ha significado la reforma constitucional del ’94, en cuanto a entregarles a las provincias el dominio sobre los recursos, incluyendo el rol de policía ambiental. Es uno de los grandes dramas de la problemática energética en la Argentina y que no ha hecho mas que agravarse en las ultimas 2 décadas. Este es un primer punto fundamental, recuperar la dimensión histórica de lo que paso, traerlo a la mesa de debate y discusión. 

Junto con la cuestión de ver a la energía como sistema hay 3 dimensiones fundamentales en torno a pensar las perspectivas de la transición energética. Como la transición energética implica un proceso de carácter social, tecnológico, económico y ambiental, está destinado a democratizar la problemática de la energía garantizando el funcionamiento del sistema que nos de disponibilidad, que nos garantice acceso, que sea sostenible ambientalmente, todo eso es transición energética. Y los 3 grandes sectores que se discuten en el mundo hoy y que hacen que muchos grandes actores que históricamente han invertido en industria hidrocarburifera como grandes bancas internacionales han empezado a correrse del financiamiento pasando a invertir en los nuevos esquemas de producción ligados a la transición energética. Desde el mundo de trabajo tenemos que tener en cuenta que debe haber un anclaje territorial para que sea auténticamente nacional y local en términos de las soluciones a las que podemos llegar. Porque los 3 grandes ejes de la transición que se están tratando en el mundo son: 

-Eficiencia energética

-Energías renovables

-Electro movilidad

Nosotros tenemos que ser capaces de aunar a todos los sectores y articular y coordinar del mejor modo posible entre todas las instancias de decisión porque va a ser necesario poner en marcha un esquema de discusión muy importante con anclajes territoriales para que no nos terminen vendiendo 2 esquemas que se están discutiendo en el marco de los objetivos de desarrollo sostenible de la agenda 2030 de la ONU, transición justa hacia la economía verde, por ejemplo. Esto último, tal como se plantea en el orden internacional, implica considerar distintos aspectos sobre estos 3 ejes. En cada uno de esos aspectos para darle el anclaje territorial y vinculado a nuestro interés nacional tenemos que ser capaces de buscar los encadenamientos entre actores y aquellos aspectos vinculados a la apropiación tecnológica que nos permita decir algo con voz propia en esos 3 ejes. Porque esto además esta vinculado con algo que cada vez va a ser mas importante en el mundo que se viene, hoy nos dicen que hay suficiente gas y petróleo a partir de que la producción de los no convencionales y las áreas marinas profundas y ultra profundas están siendo puestas en producción de hidrocarburíferos, pero no sabemos la magnitud de las consecuencias ambientales que esas energías extremas van a dejarnos a todos nosotros como comunidad. Pero lo cierto es que nosotros vemos en los últimos años que muchas de las empresas que han tenido centro en el negocio hidrocarburífero en las ultimas décadas son las que están empezando a invertir fuerte en las llamadas energías limpias. Este indicador indica que el mundo probablemente va hacia una discusión en los próximos 10 años en donde la relevancia que hasta hoy tiene la producción hidrocarburífera va a ser puesta en cuestión y va a entrar necesariamente una discusión un poco mas compleja en donde el redimensionamiento del proceso capitalista va a estar muy ligado a jugar un papel muy fuerte en la dinámica que va entre economía circular y economía verde y creación de procesos de transición en donde entra la bioenergía. Hay un montón de áreas sobre las cuales están pensando en generar un proceso de cambio que nosotros vamos a tener que ver como encararlo para que no nos meta en una agenda que no es propia porque ahí la posibilidad de que se afecten miles de puestos de trabajo y que no podamos cambiarlo porque no es nuestra agenda es muy importante. 

Entonces cuando decía que esos 3 grandes ejes tienen que tener un anclaje con nuestros intereses implica: 

En eficiencia energética nosotros tenemos que ir básicamente a algo desde el armado institucional, hoy hay alrededor de 21 programas en distintas áreas del estado nacional que tienen que ver con programas de transición energética, y la pregunta que nos hacemos es ¿Qué nivel de coordinación hay en esos programas? Y eso vas al área de energía, al área de ambiente u otras áreas de la administración pública donde están ligados esos proyectos y nadie te sabe responder la pregunta sistémica. Tenemos que lograr con la mayor eficiencia que tiene que ver con utilizar la menor cantidad posible de recursos energéticos fósiles para obtener la mejor generación, la más óptima posible para que el balance energético no nos de negativo y la cuestión de la eficiencia tiene que ver con la intensidad energética. En el mundo Argentina, midiendo 2010 con 2017, en términos de eficiencia energética que la podríamos definir como el suministro de energía en función del producto, está mas abajo que Latinoamérica y está bastante más abajo que el mundo. Eso significa que el sistema energético es mas intensivo significa que estamos usando mucho gas y petróleo y estamos usando insumos energéticos derivados de los hidrocarburos que son mucho mas ineficientes, siguen produciendo mucho gasto energético por unidad de medida. Entonces la Argentina tiene que resolver el problema de la eficiencia resolviendo el problema de la intensidad, eso implica una mirada sistémica. Si el Estado no tiene un rol activo y adecuado en poner recursos para que esa reconversión pueda llegar a todos los puntos del país estamos fritos, si no va a encararlo el sector privado como lo suele hacer.

Uno puede encarar procesos de transición incluso siendo más eficiente energéticamente, pero incorporando cada vez más eficiencia en el uso térmico de los recursos teniendo usinas térmicas en base a las llamadas usinas de ciclo combinado que usan el gas natural prioritariamente como el insumo mas noble. Pero si eso lo hace una empresa electro intensiva que necesita asegurarse el insumo y lo hace per se y eso no se lo complemente con un esquema vinculado a la planificación estatal que sepa como encarar las modificaciones paulatinas en el marco de la oferta y la demanda para modificar nuestro patrón de uso de la energía estamos complicados y esa es la situación en la que estamos ahora. La ONU, a través de las ODS, la agenda que también tiene la OIT por ejemplo, nos dicen que el objetivo 7 de los objetivos de desarrollo sostenible, energía confiable, asequible, nosotros podemos decir que estamos de acuerdo con el objetivo al que vamos, pero no hay manera de cumplirlos democráticamente si el Estado no está en sus niveles de gobierno y coordinadamente con sus agencias tecnológicas también no se pone en marcha en un proceso sistemático de planificación de el logro de la eficiencia energética a partir de  un monto de ámbitos en los que hay que cumplir con normativas, regular que esto se cumpla efectivamente, y va desde la producción de artículos domésticos hasta las construcciones eco sostenibles, por hablar del área de la vivienda. Va ligado también a modificar el transporte, primero hacerlo menos intensivo en función del uso de recursos fósiles. 

Ahí nos estamos ligando con el fenómeno de la descarbonización que tiene que ver con la dinámica mundial del trabajo para tener un sistema energético mas eficiente pero que no es solo nuestra agenda. La descarbonización que es una agenda global en realidad es en realidad una agenda de los países centrales que están tratando de salir del uso intensivo del carbón para la producción de la energía eléctrica. El carbón en nuestro país es insignificante el peso que tiene, nuestra generación eléctrica está ligada al gas y después a otros recursos menos eficientes para mover nuestras usinas térmicas. Uno se da cuenta de que en materia de eficiencia hay mucho por hacer en cuestiones de micro procesos, pero también en macro procesos. Ahí lo que encontramos es que, así como en las agencias en las que están desperdigados los proyectos de transición no están coordinados, el Estado arrastra desde los ’90 un problema estructural que es gravísimo en materia energética que es la deficiente regulación y control sobre todo lo que hacen las empresas. Y ahora venimos de un proceso brutal de tarifazos acompañado de caída de subsidios que nos dejó en una situación aún mas compleja porque el Estado ha dejado hacer durante años a un conjunto de empresas que obtenían la guita de los subsidios durante el periodo kirchnerista y daban una prestación cada vez mas inadecuada, y dejaban de invertir porque no tenían tarifas. Vivíamos ante un escenario de chantaje al que nos sometían estas empresas permanentemente, y encima en los últimos 4 años el macrismo le reconoció aumentos tarifarios inéditos que hicieron que, durante el mismo gobierno de Macri ya en febrero marzo de 2019 tuvieran que suspender futuros aumentos tarifarios porque eran inviables socialmente. ¿Y por qué fue inviable en tan poco tiempo? Porque dijeron que iban a garantizar la disponibilidad de la energía, fundamentalmente para rehabilitar un sistema extractivo y exportador, no para que consuma la población. Y nos dejaron con una dificultad grandísima en el acceso a la energía. Entonces es una discusión claramente política, antes que nada. Y técnicamente tenemos manera de llevar adelante discusiones que ya están muy probadas, hay muchas agencias en el país cuya capacidad de trabajo en lo universitario, en el Estado, etc, en las cuales tenemos a lxs compañerxs del INTI por ejemplo y pueden dar muchísimas soluciones en áreas claves para mejorar nuestros patrones de eficiencia energética y pueden ser una voz importante escuchar para mejorar los perfiles de trabajo en la otra área de la transición energética donde se juega el futuro que es el área de la producción de energías renovables.

Durante el macrismo se llevo adelante el segundo de los 3 puntos de la transición, se pusieron en marcha 4 rondas a partir de la cual se visitaron mas de 200 proyectos de energía global. A fines de 2019 había en marcha 49 proyectos. Si sumamos todo eso que se hizo la Argentina hoy estaría garantizando entre el 7 y el 8% de la energía eléctrica a partir de lo que llamamos fuentes renovables (eólica, solar fotovoltaica, biogas, rellenos sanitarios e hidroelectricidad). Esas 5 fuentes son las que están pautadas en la llamada ley de energía renovable que se terminó de aprobar en el último tramo del gobierno de Cristina. Macri puso en marcha 4 rondas y hoy algunos de esos proyectos son los que se están implementando, pero ese esquema de producción de renovables, estaba vinculado con el criterio con el que Macri manejó la energía en sus 4 años que fue un criterio vinculados a precios mayoristas dolarizados. Por lo tanto, un esquema con gas dolarizado ha sido la base a partir de la cual se generó esta dinámica de transferencia de recursos. Nadie discute en la Argentina cuales son los costos del sistema hidrocarburífero y como no se discute aceptamos como precios justos los precios dolarizados que heredamos del macrismo. Y esos precios fueron garantizados también para los proyectos renovables que se estaban aprobando. Y proyectos que tenían una tasa de actualización del 1.7% en dólares al año durante 20 años, son los contratos que se firmaron en la etapa del macrismo. Todo eso va a tener que ser revisado porque si la Argentina va a un escenario donde la energía va a dejar de ser un commoditie y vamos a pensar que tenemos que darle relevancia a la disponibilidad y asegurar nuestro suministro interno para fines sociales y estratégicos antes que pensar en la fantasía de exportar a través de Vaca Muerta. En estos esquemas de generación de valor, de fijación de precios que terminan en tarifas tienen que ser revisados abiertamente porque si no se revisa todo esto tampoco hay una transición energética que pueda ser realmente justa.

La Argentina tiene un entramado sobre el cual trabajar y ningún organismo internacional nos va a dar la pauta de como hacerlo si no lo hacemos nosotros. Los planos que hay que reunir para maximizar esfuerzos implica que es viable desarrollar energías renovables en el marco de una transición energética justa si nosotros podemos tallar fuerte en la discusión de agregar valor en una cadena productiva como la de la energía eólico u otras producciones que implique que a la Argentina le sirva incorporar ese sector para su producción energética. De modo que podamos dar la discusión en términos de las capacidades de entrenamiento que necesitamos cubrir de nuestra fuerza laboral para poner en marcha ese proceso también. Por ejemplo, una buena parte de los aerogeneradores han sido importados a partir de esquemas de facilidades que dio el gobierno anterior. Al dar este ejemplo lo que digo es que tenemos que encarar un esfuerzo de abajo hacia arriba que reúna otra vez toda la tecnología que otras empresas tienen y saber que nosotros podemos estar en condiciones de liderar ese proceso desde nuestros propios intereses nacionales, para que no nos impongan esquemas de transición que son lo que el capitalismo en esta etapa de transición está intentando instalar hoy. 

En el esquema de producción de energías renovables nosotros heredamos una legislación de fines de 2017 que es la que permite lo que llamamos generación distribuida. Tiene que ver con una dinámica que tiene que ver con la posibilidad de descentralizar la producción y la comercialización y distribución de los recursos. Esto implica que el propio usuario de energía eléctrica, por ejemplo, instalado un sistema de generación distribuida podría estar en condiciones de él proveerse parte del consumo energético que necesita sin tomarlo de las fuentes centrales convencionales y a la vez un excedente que le puede quedar y puede comercializarlo al resto de la red. Ese esquema es de alcance nacional. Es interesante conocerlo porque me parece que, por un lado, saber lo que se puede hacer si hay marcos normativos que pueden ser interesantes reutilizarlos en función de los intereses territoriales de nuestras comunidades y ponerlo en marcha a un proceso de producción de energía que sea soberano que también tenemos que hacerlo. Con esto quiero decir que, porque el esquema que creo Macri para promover energías renovables desde nuestra óptica se demuestra como insostenible por estar basado en un esquema dolarizado ¿significa que debemos desecharlo? No. Debemos incorporar crecientemente energías renovables en una matriz que vaya tendencialmente a ser una matriz más equilibrada en términos de la generación de energía y más sostenible y puedan disminuir el riesgo de seguridad energética y que asegure disponibilidad en el tiempo, para lo cual las energías renovables van a ser una parte de la solución con precios accesibles, pero no toda la parte de la solución. 

Porque acá viene otra cuestión de la transición energética: la Argentina va a una transición energética también si incorpora todo el conocimiento técnico-tecnológico que ha reunido a través de una de sus industrias puntales en los últimos 70 años que es la industria nuclear. De nuevo hay que tener cuidado con los planteos que vienen del exterior, en Europa hay países que han decidido desde moratorias hasta prohibición de la energía nuclear, pero hay otros países que han decidido que la energía nuclear es un puntal importante para garantizar el riesgo de aprovisionamiento de energía de manera considerable. En cuanto a la energía nuclear la Argentina tiene los mejores estándares de seguridad en el mundo que no se pueden rifar en el proceso de transición energética que se nos quiera vender desde afuera. Es un tema importante a tener en cuenta. Acabamos de reincorporar hace poco tiempo criticidad a nuestra central de embalse, tenemos las 2 centrales de Atucha, tenemos un esquema de negociación que veremos cómo se reinicia. La Argentina tiene un desarrollo que no solo es importante en términos de lo que la energía nuclear implica para la generación de electricidad, sino como ese desarrollo ha derramado en distintas áreas de investigación, vinculado a la medicina nuclear, a todo un conjunto de aplicaciones que un desarrollo propio puede tener. Entonces hay transición energética si nosotros cuidamos adecuadamente el aporte importante que nuestro sector nuclear ha hecho históricamente en nuestro país.

La cuestión de la electro movilidad. La electro movilidad es un esquema de acción en materia de la transición energética que está siendo trabajado por todas las grandes industrias automotrices del mundo y desde la incorporación del litio a través baterías recargables hasta por ejemplo las pilas de hidrógeno como fuentes de generación secundaria para la movilidad eléctrica o híbrida. Pensando también en otras alternativas que tienen que ver con otros recursos hay una cantidad de áreas que están abiertas, el caso de YPF Tec, que ha estado trabajando bastante en distintos puntos del país con el litio vinculado a la electro movilidad. Ahí nuevamente tenemos una discusión que dar, hoy tenemos 2 grandes emprendimientos de litios que lo que generan es la producción de carbonato de litio y cloruro de potasio que se exporta al mundo. En Asia pacífico están algunos de los grandes jugadores de la industria del litio, Japón, China, Corea, Australia, etc, todos estos países están en los últimos años en una carrera en función de utilizar el litio como otros recursos minerales en orden a generar un escenario para la consolidación de la electro movilidad. Entonces ahí donde nosotros tengamos áreas en donde podamos encarar propuestas de trabajo concretas, son áreas donde vamos a tener que estar actuando incisivamente porque ahí hay aspectos de la estrategia global que tenemos que poder garantizar que puedan ser implementados en la Argentina en función de nuestros propios requerimientos e intereses. 

Por último, la cuestión ambiental representa uno de los grandes desafíos vinculados con el cambio climáticos en cuanto a la transición energética. Y es uno de los grandes desafíos no solo por el cuadro que hereda la Argentina, donde las provincias como Neuquén, que es la Arabia Saudita del petróleo y el gas no convencional, son las que tienen el control ambiental de lo que realmente ocurre en su territorio y este es un panorama que implica un desastre estructural para el país y que el Estado nacional tiene que poder reequilibrar ese juego en términos de, no solo fortalecer los presupuestos ambientales mínimos, sino incorporar la dimensión ambiental en cada uno de los proyectos que se trabajen, pero no como algo que se analiza después, una ves que las consecuencias de un proyecto ya está en marcha, sino que deberíamos tratar de pensar como incorporamos una reflexión activa y práctica sobre lo que implica el principio precautorio en materia ambiental y como los procesos productivos que ponemos en marcha pueden armonizarse con ese proceso. Porque aquí el problema es que una ves que el daño está hecho no hay vuelta atrás. Hay un panorama muy complejo que tiene que ver conque los pasivos ambientales no los cuenta nadie, en los balances presupuestales que hacen las empresas los ponen minimizando el valor cualitativo que pueden tener estos pasivos ambientales, entonces se supone que se va a hacer todo con los mejores estándares de seguridad. Este es el punto ciego de la Argentina, gravísimo.